Relatos

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Encuentro en Martín García

 

20 al 24 de marzo de 2008

Relato: Luis Rama

            Hoy jueves 20 de  marzo, sonó el despertador, pero ya estábamos despiertos. La ansiedad y un llamado de Pablo Guzmán a la una de la mañana, hizo que en nuestra cabeza lo único que daba vueltas, fuera la travesía a Martín García; repasando una y mil veces, para no olvidarnos nada, y discutiendo entre nosotros lo que uno consideraba que faltaba y el otro que sobraba.

            Por fin, estábamos en nuestro auto camino al CRNBE, mate de por medio, pero esta vez a oscuras: el capitán del Grupo nos citó a las 5 de la mañana.

            Llegamos al CRNBE   y nos dimos cuenta que era una jornada especial porque en él había gente durmiendo hasta dentro de la botera y el quincho. Claro, íbamos por primera vez al encuentro Nacional de Kayakistas!

            Empezó a llegar la gente de nuestro grupo y a pesar que había quienes tenían poca experiencia en travesías, todo salió de acuerdo a lo planeado, salimos a las 6,30 hs.

            Navegamos Paraná de las Palmas abajo, con un amanecer bien de verano, con un sol radiante que hacía que remáramos y sin darnos cuenta ya estábamos llegando al Sueco.

            A Fabián Oleksiuk, el capitán del grupo, se lo veía muy contento porque estábamos dentro de los tiempos planeados.

            Así que entre bromas, charlas y alguna barrita de cereal, navegábamos por los Bajos del Temor.  En lo que a nosotros respecta, ansiábamos conocer el tan mentado Canal del Diablo, donde Fabián y Juan Félix pensaban hacer un alto para el almuerzo.   Pero volvimos a consultarle la hora a Julio Salomón y nos dijo que eran las 11,30 hs. Temprano para comer, así que decidimos continuar.  Debemos confesar que el Diablo nos sorprendió con su belleza, como cada vez que incursionamos en un canal que no conocemos.            

            Cuando se vió la desembocadura del Diablo con el Paraná Miní, Jorgelina y Cintia Ardoino, Irene Arostegui y yo, Luis Rama, coincidíamos en que necesitábamos guardar fuerzas, o sea, comida!  A lo que Carlos Moyano y Diego Portillo sumaron votos, por lo tanto, después de haberle pedido permiso a unos muchachos que estaban trabajando en la isla, paramos a almorzar allí. Cada cual aportó un poco de comida y filosofía. Temas varios. Predominó religión. Donde el Chino Carrizo, con su templanza y sabiduría dejó conforme a unos y otros.  Después de dejarnos Francisco Satriano, con las ganas de escuchar más sobre puntos cardinales, cartas náuticas y nudos marinos, emprendimos el viaje, percatándonos de que Carlitos Romero ya estaba en el kayak, dando su demostración de técnica y potencia: “un pura sangre”, como dice Fabian.

            El cruce desde la boca del Miní hasta las Islas Oyarbide fue como estar en una pileta, ya que Julio incitó a todo el grupo a tirarnos al agua, como a él le gusta. Teníamos a la vista a nuestro paraíso, o sea, la tan hermosa isla Timoteo Domínguez. Los que la conocíamos, estábamos ansiosos por arribar a ella, así que después de un breve descanso, hicimos el cruce con las aguas muy tranquilas. Los tiempos fueron los ideales, eran las 15,45 hs. Desembarcamos y parece que hubiésemos estado sincronizados. Fabián propuso ir a buscar una parrilla, pan y carbón a Martín García, mientras daba aviso de nuestra llegada a Prefectura, y el resto se encargó de armar las carpas, vaciar los kayaks, tomar mate y juntar leña para la gran fogata de la noche.  Nos sorprendió la visita de 3 kayakistas que estaban de paso, autodenominados “los culpables de todo”. Después de convidarles unos mates y algunas galletitas, siguieron camino a Martín García.

            Cuando ya teníamos casi todo listo, llegaron Fabián y Carlitos con las provisiones, justo a tiempo para ver esa hermosa puesta de sol, que según Carlos “ el abogado”, sólo se compara con la de Punta del Este. Así que tuvimos que pedirle a Julieta y familia, que eran nuestros vecinos en Timoteo, que nos sacaran una foto.

            Entrada la noche, con la fogata y el asado casi listo, cada uno de nosotros se hundía en sus pensamientos, mirando el fuego y maravillados por esa hermosa luna llena: sí, nos pareció que estábamos en el paraíso! Qué es el paraíso, será ésto? Existe vida después de la muerte? Nada te pertenece. El amor es irresistible. Sí, ya estábamos filosofando otra vez, pero ahora motivados por el alcohol –no mucho- y la curiosidad de saber qué había traído Carlos en esa cajita con un moño, aparte de sus famosos chorizos. Cuando el cansancio de la larga jornada se hacía notar, se reveló el misterio, eran unos exquisitos bombones lo que había traído Carlos.

            El ruido de las olas y una suave brisa invitaban a descansar, aunque la noche fuera tan maravillosa.

            Si tuviéramos que hablar de lo que fue el amanecer en la Isla Timoteo Domínguez, necesitaríamos varias páginas, sólo les podemos decir que hay que vivir esa experiencia.

            Desayunamos y aprontamos nuestros petates.  Hoy era el encuentro de kayakistas en la isla Martín García.  Seguía pareciendo un cuento de hadas, porque navegando el poco trecho que separa ambas islas, tuvimos la compañía de al menos una docena de cisnes, que emprendieron el vuelo cuando estábamos a pocos metros de ellos.  Parecía que nos estaban dando la bienvenida  a la Isla , dijo Fabián.

            Después de circunnavegar el muelle, desembarcamos con los aplausos de unos rosarinos que ya estaban en la isla y nos ayudaron a subir los kayaks, por  un sendero, amplio y limpio, que nos habían preparado la gente de la isla.

            Dejamos los kayaks  en el parque cerrado, después de haberlos vaciado por completo, porque nosotros pernoctábamos en el camping de la isla.

            Fue muy agradable sentirse parte de la isla, decimos, vivir al ritmo de los lugareños, todo se hacía con mucha tranquilidad, sin ningún tipo de apuro, fijándonos que el grupo estuviera cómodo y no le faltara nada.

            Después de establecernos en el camping, todos sacamos el equipo de mate y nos fuimos a merendar.  Luego cada cual aprovechó la tarde a su manera.   Carlos se encontró con su familia que venía en la lancha pasajera y se caminó toda la isla con la nena a cococho. Las hermanas Ardoino se reencontraron con amigos de Rosario, y el Chino, melancólico y solitario, recordaba su infancia en la isla, ya que su papá había estado destinado, por trabajo, en ella.

            Fabián como capitán del grupo, trajo la novedad que había tormenta, según el parte de Prefectura; no podía dejar de preocuparse ni un momento de la seguridad de todos.

            Fue muy pintoresco y hasta emocionante ver a todo el grupo luciendo las remeras del CRNBE, cosa que se destacó en el momento del encuentro en el Teatro Histórico; lo mismo que el saludo de toda la concurrencia, a Prefectura, con aplausos de pie, durante varios minutos; ya que ellos también fueron en parte nuestros anfitriones, a pesar de la a pesar de la noche movidita que tuvieron, a raíz de la tormenta.

            Nos hubiese gustado que se hiciera mención a la seguridad, en esto de andar en kayak y que se lo hubiese recordado a David Barraza, pero de todas maneras, mas que un encuentro, para el grupo, era una fiesta, ya que varios de nosotros recibimos premios más que importantes.

            Mientras transcurría la ceremonia de entrega de remeras, Juan Felix, con su habitual demostración de solidaridad y conocimiento, socorría a una kayakista que se hace llamar la india del río, que habia sufrido una descompensación. Dejando muy bien parado al CRNBE. Nos reconocían en toda la isla.

            El broche de oro fue la cena de camaradería en la Solís. Intercambiamos charlas con gente de otros lugares.

            La tormenta empezaba a hacerse sentir, por ende había cambio de planes. Todo dependía de las condiciones climáticas.

            Finalmente la tormenta no fue tan fuerte en la isla, pero el río estaba muy picado, y el parte meteorológico era de alerta.

            Teníamos que quedarnos en la isla hasta que mejoraran las condiciones climáticas. Eso significó más comida y cero stress. Algunos de nosotros nos dedicamos a dormir la siesta, y los que no la conocían, siguieron recorriendo la isla.

            Nos reunimos por la tarde a merendar con una exquisita rosca de pascuas que compró el Chino en la panadería, y a la que hicimos los honores en su ausencia. Lo que quedaba se lo devolvimos…un día después cuando apareció en la carpa de Fabián, envuelta en las medias de Carlos “el abogado”.     

            Por la noche del sábado el viento no amainaba, y armamos una ranchada con una lona que tenía Fabián y las estacas de la carpa de Julio, que debido al viento se iba transformando en un rancho inhabitable. Y Julio se rascaba la cabeza preguntando qué le pasa a mi carpa ?.

            Recibimos la grata visita de kayakistas de otros grupos, y en especial de Sergio Jaquemín , quien se había puesto de acuerdo con Fabián que si las condiciones del río eran adversas, saldríamos juntos para protegernos entre todos, previa autorización de Prefectura.

            Día domingo. El viento calmó, el río estaba bastante mas apacible. Vuelta a casa. Por una cuestión de cortesía, Fabián y Sergio continuaban con el plan de salir juntos. Era muy pintoresco ver todos los kayaks en el agua, pero lo mas importante era no haber dejado nada librado al azar , sobre todo lo que a seguridad respecta.

            Habiendo llegado a las islas Oyarbide, nos despedimos del grupo de Sergio, con bocinas, silbatos y aplausos, deseándonos un buen regreso mutuamente.

            El resto del cruce transcurrió distendidamente y llegamos a la boca del Miní, ya planeando dónde íbamos a parar a almorzar.  Internándonos  en el Diablo, todos coincidimos en parar en la casa de un señor muy amable, Don Rosendo Emiterio.  Si Ud. anda por el lugar lo va a reconocer, porque marilín, pingpon, y pingpncito, que son sus perros, están subidos al árbol para avistar quién se acerca por el agua.

            Para retribuir su cordialidad, hicimos una vaquita, que creemos que a él le iba a ser muy útil.  Fue muy melancólico verlo agitar sus brazos despidiéndonos desde la costa, dejando en nosotros la realidad de la soledad en que vive.  Llegando a los bajos del temor, viendo la imponente silueta de los mega –yates flotando, invitaba otra vez a la reflexión : nada te pertenece, de qué manera se manifiesta Dios, para unos y otros? Cazando una nutria? O anclando el yate con toda la tecnología a disposición?  Para nosotros se manifestaba con el viento a favor, por lo que Fabián sugirió navegar todo lo que fuera posible, remontando el Paraná de las Palmas, y consultando al grupo cómo nos sentíamos físicamente.  Dado que todos estábamos bien, continuábamos.  Llegadas las 18,30, estábamos a 15 km . Del CRNBE. Más de uno teníamos ansias de llegar, pero con la conjunción de varios factores: la experiencia de Fabián, Juan y el Chino, y unas milanesas con papas fritas, ofrecidas en el camping Iguazú, ya no hubo dudas, había que parar a comer y dormir.

            Algunos valientes nos bañamos con agua fría y después nos sentamos en la orilla a tomar unos mates y observar la puesta de sol…y obvio, ¡a esperar las milanesas!. La cena fue muy amena y hasta postre hubo.

            Hubo desafío de jugar a las cartas o al pool. Fabián y Juan Felix hicieron pareja contra Carlitos y Diego en la mesa de pool, a decir verdad cuatro grandes jugadores. Ganaron ajustadamente Fabián y Juan. Nos tocaba al Chino y a mí, Luis, enfrentar al dream team. El Chino, una vez más nos tapó la boca a todos, demostró ser un gran jugador. La pareja contraria no daba dos pesos por mí, que no había embocado ni una bola, pero con un golpe de suerte eché por tierra sus aspiraciones de ser campeones y se fueron a dormir bastante calentitos. A nosotros también la suerte nos duró poco, Charlitos y Diego nos ganaron, y todo quedó como al comienzo, todos fuimos ganadores y perdedores, pero los únicos calentitos eran Fabián y Juan . ya entrada la noche nos fuimos a dormir. Amaneció  un lunes radiante, pensábamos salir temprano, pero todavía estábamos sedados. Salimos después de desayunar. Habiendo recorrido un par de km. Carlitos se acordó que había dejado su celular cargando en el camping. Daba gusto verlo remar, tanto como que estuviera en nuestro grupo.

            Nos agrupamos frente al CRNBE. Fue muy emocionante ver como los socios se arrimaban a la orilla para darnos la bienvenida, entre aplausos y nuestros estridentes silbatos y cornetas. Felicitaciones al grupo, por la calidad de gente, y nos vemos en la próxima.

Luis Alberto Rama

 

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