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Relatos
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Travesía Fin
de Año en Martín García
29 de diciembre 07 al 1
de Enero de 2008
Relato:
Lucas Sosa
La banda kayakera se junto una vez
mas para despedir el 2007, y que mejor manera de hacerlo que remando y
disfrutando de un día a puro río y sol. El punto de encuentro fue en el
recreo el Toro sobre las márgenes del río Capitán. El grupo de amigos
éramos Alfred, Hernán, Gaby, Moni, Laura Nicastro, Vane, Dani y su esposa
Laura, mi amigo el loco Leandro, Eloy amigo de travesía, Juan, Iron, Guiyo,
Eduardo, Marcos, Rafa y Gisela.
Como de costumbre el almuerzo
fueron unas exquisitas hamburguesas y algunos chorizitos, el parrillero
Daniel, que grande amigo salieron deliciosas. Todo esto acompañada con
cervezas y gaseosas. La mesa estuvo compartida por mucha charla, chistes y
anécdotas de las travesías que tuvimos el gusto de compartir con varios de
los chicos del grupo, no parábamos de reírnos.
Luego de almorzar, nos dirigimos
hacia la playita, la tarde estaba muy calurosa y enseguida nos tiramos al
agua para refrescarnos y jugar un rato como chicos . Después del chapuzón
comenzamos con la ronda de mates, galletitas, bombones de enamorado
y un budincito que había traído Laura. Entre
mate y mate llego la hora del brindis, levantamos las copas y brindamos
para despedir un formidable 2007 y esperar por un prospero año 2008,
repleto de trabajo, salud y futuras travesías, SALUD!!!
Pero para Eloy y para mi los
festejos no terminaban allí, después de despedir a nuestros
amigos, nos subimos a los kayaks y pusimos rumbo hacia la Isla Martín
García donde pasaríamos los últimos dos días del año y celebraríamos el
nuevo año de manera totalmente diferente.
A las cinco de la tarde, con el
sol todavía bien alto empezamos a remontar el río
Capitán, con gusto podíamos observar como la gente disfrutaba del agua
fresca que seguramente aliviaba tanto calor.
Después de una hora de remada
cruzamos el Paraná de las Palmas, hacia rato que no navegaba por el y me
dio mucha satisfacción surcar sobre sus caudalosas aguas. Echo el cruce
ingresamos al río capitancito, seguimos por el aguaje del Durazno y a las
ocho en punto de la noche remontamos el interminable arroyo Chaná. Con la
oscuridad presente remamos bajo un manto de incontables estrellas que
junto a las luciérnagas que allí brillaban nos iluminaron el camino.
A las nueve cuarenta desembocamos
en el Paraná Mini, nos dirigimos hacia Toledo pero al no haber nadie y no
tener respuesta a nuestros llamados decidimos parar en el ya conocido Club
Motonáutico. Luego de un refrescante baño y de cenar hamburguesas
que nos habían sobrado del mediodía nos fuimos a dormir.
El domingo amaneció con el sol
resplandeciente, el cielo despejado anunciaba que tendríamos una jornada
con mucho calor.
Tranquilamente desayunamos y a las
nueve y media de la mañana comenzamos a bajar las aguas del Mini. A esa
hora el sol ya pegaba duro, esto nos obligaba a mojarnos constantemente y
a hidratarnos todo el tiempo. Luego de una hora de remada llegamos al Río
de la Plata viramos a babor y comenzamos a remontar los Pozos del Barca.
Remamos un buen trecho sobre una
zona de bancos donde navegar se complicaba bastante debido a la escasez de
agua. A medida que avanzábamos encontramos un poco
mas de profundidad y comenzamos a cruzar hacia la inmensa isla
Oyarbide. Soplaba una leve brisa del noreste que daba tregua a tanta
temperatura que veníamos bancando.
Al mediodía alcanzamos el canal
Lancha Petrel, ingresamos por el y salimos al Canal Buenos Aires. Allí
antes de cruzar bajamos en la orilla de la Oyarbide y nos dimos un buen
chapuzón para mitigar los sofocantes 30 grados que nos acompañaban en esta
remada.
Embarcamos nuevamente a los
frankys y empezamos con el cruce del canal Buenos Aires que debido, a que
el viento había dejado de soplar, era lo más parecido a una pileta de
natación. A las 13:30 hs de la tarde y luego de cuatro horas de remada
arribamos a la Isla Martín García.
Enseguida llevamos los kayaks
hasta la callecita principal donde merodeaban algunos turistas que
visitaban la isla y miraban con curiosidad a los recién llegados.
Agobiados y con hambre nos dirigimos hacia el pequeño kiosco para almorzar
y beber algo , pero como ya era la hora de la siesta este se hallaba
cerrado. Finalmente ingresamos a la hostería donde pudimos disfrutar de
dos sándwiches de salame y queso con gaseosa fría y un agradable ambiente
fresco que invitaba a quedarse en el.
Luego de comer nos dirigimos hacia
los kayaks, nos tiramos un rato con intenciones de
dormir la siesta, pero el insoportable calor y el
escandaloso ruido de las cotorras lo tornaban imposible.
No nos quedo otra opción que
levantarnos para preparar los bártulos y llevarlos hasta el camping, por
suerte antes de llevar todo a mano, nos dimos una vuelta por el comedor
Solís donde sus dueños José y Marita nos recibieron muy cordialmente y nos
felicitaron una carretilla para trasladar todo. Una vez instalados y
armado el campamento llego el tan esperado momento, nos zambullimos de
cabeza en la pileta que existe en el parque del Comedor Solis y que tan
amablemente nos habían dejado usar. Un merecedor premio para dos
kayakistas que tanto se habían esforzado para llegar a la isla.
Estuvimos como dos horas en el
agua disfrutando y charlando de todo un poco por
supuesto que el tema más hablado fue sobre kayakismo
Salimos de la pile y nos sentamos
a tomar algo fresco y nuevamente nos comimos unos ricos sándwiches de
salame y queso, tanta pesadez no habría el apetito para nada. Era
maravilloso poder ver tantas aves que volaban y aterrizaban en busca de
restos de comida, se notaba que era verano, la última vez que habíamos
visitado la isla había sido en otoño.
Otro de los habitantes
que viven en este lugar y que había en abundancia, son
mariposas de todo tipo y color, pero la que mas llamaba la
atención es una mariposa denominada 88, llamada así por que en cada una de
sus alas posee el numero 88. Solo se la puede encontrar en el Parque
Nacional Iguazú y en la Isla Martín García ya que en esta se encuentra el
último coletazo de la selva misionera.
Bien entrada la tarde nos
dirigimos hacia el muelle, no se podía creer ver el
canal Buenos Aires con tanta quietud, era un espejo de agua. Aquí
compartimos charla y mates con dos chicas que habían llegado desde Bueno
Aires en avión y nos contaron que era la primera vez que visitaban la
isla. Junto a ellas observamos como el anaranjado sol, con lentitud, se
fue ocultando en el horizonte.
Cayó la noche pero la temperatura
seguía siendo la misma, no corría una gota de aire. En el camping encendí
fuego para cocinar chorizos y también me termine
cocinando yo, Eloy fue mas practico comió fideos que hirvió en cuestión de
minutos. Como en toda travesía el cansancio se hizo presente y nos fuimos
a dormir.
El 31 de diciembre, ultimo día del
año, me levante como a las diez de la mañana, una hora mas tarde lo hizo
Eloy y desayunamos junto al trinar de los pájaros. Como ya conocíamos la
isla y el calor no permitía hacer nada, nos limitamos a movernos solo por
los alrededores. Luego de desayunar nos fuimos hasta
el muelle y nos encontramos a José que, venia en gorrón, desde el rio
Barquita trayendo a sus hijas Al único sitio que quisimos llegar y sin
éxito fue al arenal, caminamos un tramo por la pista, fue como caminar
adentro de un horno, pero no pudimos acceder a el ya que la selva se
cierra abruptamente.
Sin hallar el bendito médano,
pegamos la vuelta hacia el camping y otra vez nos acercamos a la
refrescante y salvadora pileta, ahí nos quedamos un buen rato tratando de
mitigar la alta temperatura que hacia. Llego la hora de almorzar y nos
deleitamos con unos sabrosísimos vacipan, estaban buenísimos. Luego de
dormir una horita la siesta, subimos a los kayaks para realizar la
circunnavegación de la isla pero al llegar a la renombrada isla uruguaya
Timoteo Domínguez cambiamos automáticamente de idea. Cuando nos acercamos
a su espectacular playa de limpias arenas, divisamos un kayak blanco, era
Nolberto, kayakista solitario, que allí se había instalado. Enseguida
bajamos y lo saludamos cordialmente, no podía creer que nosotros
estuviéramos ahí.
Con Eloy no parábamos de admirar
la belleza de la pequeña isla, era un paraíso en medio del Río de la
Plata, arena por doquier, aguas límpidas, varios pinos y árboles que
brindan abundante sombra para instalar un campamento. Pero por sobre todas
las cosas y lo mas importante la paz absoluta.
Había escuchado de boca de muchos
kayakistas conocidos, que el lugar era increíble, pero tuve que verlo con
mis propios ojos para creerlo. Aquí pasamos toda la tarde, charlando,
mateando, disfrutando del río y también haciendo un poco de clínica de
rol. Eloy se encargo de darle un par de clases a Norberto. Pasaron las
horas y no nos queríamos ir, después de otra ronda de mates y de otro
alucinante crepúsculo, nos despedimos de Nolber y retornamos hacia Martín
García. Eran las 9 y media de la noche día y nosotros, a dos horas y media
del fin del 2007 estábamos remando sobre un Río de la Plata que era un
espejo, tanta era su quietud que observando el horizonte parecía ser que
remábamos hacia el limbo.
En media hora arribamos a la isla,
nos pegamos un baño y fuimos hacia el comedor Solís a cenar y despedir el
año. Nos deleitamos con unos exquisitos sorrentinos y de postre ensalada
de fruta. Llego la hora de brindar, levantamos las copas y FELIZ AÑO 2008
para todos. Un abrazo con Eloy, saludos con la gente de la isla y un par
de cañitas voladoras salieron despedidas hacia las alturas.
Terminados los saludos disparamos
para el muelle, no queríamos perdernos el espectáculo de fuegos
artificiales de la ciudad de Buenos Aires. Era asombroso y emocionante
observar como el cielo se iluminaba, parecían relámpagos de tormenta. En
ese momento pasaron mil cosas por
mi cabeza.
A las dos de la madrugada a
descansar, al siguiente día nos esperaba el largo
regreso a Tigre.
Primero de enero de 2008, primer
día del año, nos despertamos a las siete de la mañana, que pachorra y eso
que no habíamos tomado nada. Luego de un exquisito capuchino instantáneo
acompañado con galletas dulces levantamos campamento. En dos viajes
llevamos todo el bartulaje hasta la costa, estibamos los kayaks,
presentamos derrotero en prefectura y a las nueve y media de la mañana
comenzamos a remar.
Sobre el Río de la Plata soplaba
viento leve del sector noreste, el cual provocaba una
suave marejada que hacia llevadera la remada. Cruzamos el Canal Buenos
Aires, pero en vez de remontarlo lo bajamos pasando por la punta sur de la
isla Oyarbide y así ahorrarnos un par de kilómetros.
Avanzábamos sobre una zona de juncales e islas en formación, donde pude
disfrutar del sonido del viento, del agua y de los cisnes de cuello negro
que gritaban al notar mi cercana presencia.
Íbamos bien hasta que el viento
aumento su intensidad y paso del sector noreste al sudoeste. El oleaje se
incremento y las olas empezaron a romper sobre la proa. Las islas que
veíamos sobre el horizonte quedaron tapadas de polvo y apenas las
divisábamos. Cuando vi que las nubes habían tomado forma de cigarro, le
dije a Eloy me parece que es un pampero. Sin dudarlo remamos con fuerza
hasta la costa, y nos refugiamos en una isla en las cercanías de Punta
Moran. Menos mal que este pamperito no paso a mayores ya que nos
encontrábamos a un par de kilómetros de tierra y no hubiera sido nada
agradable volcar en esa situación.
Nos quedamos allí casi una hora
aprovechando para descansar y dormir. Estábamos solos, en medio de la
naturaleza, escuchando el rugido y mecer de los árboles que eran
castigados por el fuerte viento.
Pasaron alrededor de 40 minutos y
decidimos salir a remar otra vez. El incesante viento ya era del sudeste y
parecía no aflojar. Mi idea era ir directamente hacia la isla Zarate para
acortar camino, pero Eloy de buena manera me hizo entender que remar por
el medio del Río de la Plata con viento en contra no tenia sentido. Además
de correr riesgo de vuelco era un desgaste físico inútil, finalmente
desistí (cabeza dura la mía).
Así dejamos por estribor Punta
Moran e ingresamos a los Bajos del Temor. Las olas golpeaban de babor y
nos arrojaban hacia el juncal, aquí puedo destacar las excelentes virtudes
de navegabilidad que posee el Franki en condiciones de oleaje. Su popa con
forma de quilla hace que la embarcación mantenga el rumbo constantemente y
evita que los que remamos sin timón estemos corrigiendo la embarcación
todo el tiempo.
Pasamos la desembocadura del
Diablo hasta que llegamos a la ruta de los palos y nos adentramos al Canal
del Sueco. Desde lejos veíamos los corderitos que se formaban en el
Paraná de las Palmas, dijimos los dos parece que va estar movidito.
Llegamos a este y las olas era
bastante grandecitas pero controlables, el viento castigaba con todo,
parecía a propósito, cada vez que volvemos de algún lugar lejano a este le
gusta aparecer para complicarnos la vida.
Para cruzar, primero dimos paso a
una enorme embarcación que venia por el canal, lo ancho del río y el
oleaje que había no nos hubiera dado tiempo de ganarle. Cuando pasa veo en
su popa el nombre, se llamaba Estrella del Plata, todo una celebridad.
Finalmente cruzamos, ingresamos al
arroyo Hambrientos, salimos al Canal Honda y a las tres de la tarde
arribamos al Fondeadero para almorzar y descansar un poco. Como de
costumbre llegaron los molestos Jet Sky para irrumpir la paz del lugar.
Además de insoportables cada vez que cargan sus naves derraman
combustibles y aceite sobre la playa. Una cagada.
Ya faltaba poco para llegar a
destino así que las cuatro de la tarde bajamos por el pintoresco arroyo
Arroyón, donde nos refugiamos del viento y remamos bajo un adorable sol
veraniego.
Continuamos por el arroyo Dorado,
luego tomamos el río San Antonio e ingresamos al río Sarmiento el cual
estaba transitado por una gran cantidad de lanchas colectivas. Nuestra
destino final fue el recreo Parque Lyfe, aquí bajamos entre una multitud
de personas que disfrutaban del sol y de la playa. Al ser feriado nuestro
Club Hispano cerro sus puertas obligándonos a dejar los kayaks en el
parque y terminar la travesía en lancha colectiva. Que raro que nos
sentíamos retornando a Tigre en lancha, entre un montón de gente, como
unos mas de ellos, que ni siquiera imaginaban lo que habíamos vivido
durante este fin de año, sin dudas un fin de año distinto y especial.
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