El
motivo de este regreso en solitario surgió por un pequeño problema
grupal que tuve en el Encuentro de Kayakistas que se desarrollo en la
Isla Martín García en el mes de marzo. No viene al caso contárselos por
que la verdad que se aburrirían demasiado. El tema es que por este
inconveniente regrese en un bote doble y mi querido kayak tuvo que
quedar en la isla.
El viaje comenzó el sábado 29 a las
ocho de la mañana en la Estación Fluvial Internacional de Cacciola,
donde junto a los turistas espere media horita para embarcarme en el
catamarán Fragata Hércules. Ese catamarán que tantas veces había visto
amarrado en la isla ahora me llevaría hacia ella. Dentro de la
embarcación el ambiente era muy agradable, la gente ingresaba y se
acomodaba a donde mas le gustaba, sacaban fotografías y tomaban mate. El
exquisito aroma a café inundaba el amplio salón dando un toque especial
a la cálida mañana otoñal. A las nueve en punto se sueltan las amarras y
la gente muy contenta se puso a aplaudir.
El catamarán comenzó a surcar las
aguas del Lujan y la guía turística relato sobre la historia del tigre y
el delta. Entramos al canal Vinculación, en ese momento estoy adentro,
compartiendo la mesa con un grupo de navegantes a vela. Al lado nuestro
sobre otra mesa una computadora me dejaba observar hermosas fotos de la
reserva natural de Martín García. Hablo con un biólogo y le pregunto
sobre las fotografías, me cuenta que pertenecen a la futura pagina web
de la reserva.
Instantes antes de llegar al Paraná de
las Palmas subo a cubierta para disfrutar de todo su esplendor, la vista
desde arriba me mostró un paisaje majestuoso. Me
quedo un rato arriba donde el viento soplaba libremente y el tibio sol
me relajaba el rostro. Vuelvo a ingresar al salón donde me senté
cómodamente y dormí casi una hora. La voz de la guía que sonó por el
parlante informando que estábamos muy prontos a llegar me despertó de mi
corta siesta. Cuarenta minutos después exactamente al mediodía
amarrábamos en la Isla Martín García.
Mi estadía en la isla fue muy corta,
baje del barco y me dirigí hacia la PNA para hacer el acta de salida
correspondiente, dejando asentado el derrotero a utilizar para regresar
a Tigre. Luego del tramiteo fui hasta el Comedor Solís donde estaban
José y Marita los cuales recibieron muy cordialmente. Un ratito después
de almorzar me paso a buscar el tractor, cargamos el kayak y lo llevamos
hasta la orilla del río donde tranquilamente lo estibe. Estaba ansioso
pues esta seria mi primera remada en solitario regresando a Tigre desde
un lugar lejano como lo es la isla Martín García. A las dos
y media de la tarde y con vientos regulares del este me largue a
cruzar el Canal Buenos Aires. Al momento de comenzar a remar me sentí
como en total libertad y atravesar el canal con oleaje me dio una
desbordante felicidad.
Solo éramos el río, el viento y yo. Al
ver buen nivel de agua decidí bajar por la parte sur de la extensa Isla
Oyarbide ahorrándome así la remontada hasta el Canal
Lancha Petrel. Continué remando bajando entre los
numerosos juncales que allí existen. El viento lo tenia bien de jeta y
la proa del franki no paraba de pinchar las espumosas olas. Para sortear
un poco la corriente en contra me arrime al juncal remando pegado a
la orilla. Al escuchar mi sigiloso paso una bandada
de aves comenzó a emitir sonidos de alerta y todas se echaron a
volar. Para ellas era como un intruso que invadía su vigilado
territorio.
Cuando termine de pasar los últimos
islotes empiezo a divisar la ciudad de Bueno Aires y sus altos
edificios, vire a estribor y puse rumbo a Punta Moran. El derrotero que
había planeado era ingresar a los Bajos del Temor, tomar el Canal del
Sueco hasta cruzar el Paraná de las Palmas, pero cambie totalmente de
planes y decidí remar por afuera bordeando la isla Zarate. Todavía con
rumbo a Punta Moran la remada se me hizo muy entretenida ya que me
dedique a jugar y surfear las olas. Así llegue hasta los palos que
indican el camino al Paraná y continúe remando siguiendo su ruta.
Nuevamente vuelvo a virar y apunte
hacia la ciudad, la cual se agrandaba a medida que avanzaba. Las olas
pegaban de través pero en ningún momento me dificultaron la navegación.
El cielo se encontraba parcialmente nublado y el sol se asomaba
tímidamente. Creo que mi mente solo se dedico a disfrutar
del entorno que me rodeaba.
A las 18:30 llegue a la Isla Zarate
donde decidí bajar por unos instantes. Al parar de remar comencé a
sentir un poco de frío debido a que el sol había bajado y el viento no
paraba de soplar. Estire las piernas, me abrigue, hable por teléfono y
comí un alfajor.
Saque
de la bolsa estanca los destelladores pues en una hora me quedaría sin
luz y todavía me encontraba a diez kms de la costa de San Isidro. Entrar
al río estuvo complicado ya que las olas no paraban de romper. Una de
ellas dio de lleno en el cockpit y lo inundo bastante, lo vacié, me
acomode de otra manera y logre volver a remar.
Lentamente empezó a atardecer, el
horizonte era una mezcla de colores celestes y grisáceos y el sol
escondido entre las nubes tiño las aguas de color plata. Fue entrando la
noche y de a poquito comenzó a encenderse la ciudad, miles y miles de
luces que dieron vida a la querida Buenos Aires. A mi espaldas reinaban
las penumbras. Fue un momento mágico que jamás voy a olvidar. A las ocho
y cuarto entre al río Lujan donde por fin logre refugiarme del viento.
Estaba muy cansado y con sueño pero me
faltaban pocos kms para terminar de remar. Junte mis
ultimas fuerzas, remonte lentamente el Lujan y el río Sarmiento y las
nueve y media de la noche arribe al recreo Parque Lyfe. Estaba
emocionado y contento por haber realizado esta larga remada en
solitario, donde me sentí muy seguro de mi mismo y de donde disfrute al
máximo de la grandeza del Río de la Plata y de mi absoluta soledad.