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Relatos
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Travesía por
el Lago Epuyen - Año Nuevo 2008
Relato: Eduardo De Marco
El lago Epuyén (del mapuche: ser dos) se
encuentra ubicado en el noroeste de la provincia del Chubut.
Con forma de “C”, presenta una longitud de 15
km por su línea media de y un ancho máximo de 3km.
Este escenario, enclavado entre cerros, fue el
espejo lacustre elegido para pasar el año nuevo.
Bajo un cielo que no era de lo mejor, y luego de
varios días muy ventosos, cosa no rara en patagonia, y con solo la esperanza
que mejoren las condiciones climáticas, nos largamos con la intención de
recorrerlo en su totalidad, pasando el 31 en algún lugar reparado y
confortable de esos que nunca faltan.
Y así fue. Entrado el mediodía del 3l, luego de
descargar todo en la playa de Patriada, cabecera norte del lago, dejé el
auto en un camping, y kayak y canoa comenzaron a surcar las azules aguas.
Olga (mi esposa), Daniel, Luchi (Hno. de Daniel)
y yo (Eduardo) habíamos empezado a cumplir un viejo deseo, y que mejor
momento para realizarlo.
Todo fue muy placentero, la zona de Puerto
Patriada está muy a reparo del viento por lo que su superficie generalmente
se encuentra “planchada”. Claro que al dejar la protección del cerro y
entrar al primer valle, la fuerza de Curev (viento en mapuche) se hizo
sentir, las aguas estaban algo más agitadas, pero como todos íbamos para el
mismo lado, todo marchaba literal y concretamente hablando: “viento en popa”
Luego de una hora de recorrido efectuamos una
parada, manzana de por medio, continuamos hasta la zona donde hace varios
años se asentó un grupo de Monjes Franciscanos.
Mientras tanto Curev no solo dejaba de
acompañarnos, se hizo más fuerte conforme aumentaban nuestras paladas y
avanzábamos con rumbo sur.
Ya en el lugar, recorrimos las ruinas del
asentamiento no dejando de reponer energía con mate y galletitas.
Nos preparamos y nuevamente al agua. El oleaje
ya era fuerte y constante, la salida le costó un buen rayón al kayak. Las
piedras no perdonan y no son de las más redondeadas en esa parte. Dani y
Luchi iban levantando y bajando la canoa de popa a proa, al compás de esa
melodía que te ofrece agua y viento.
Nosotros con el kayak notábamos el empuje pero
teníamos un desplazamiento más armónico.
Finalmente llegó el momento esperado, ubicamos
un lugar reparado, a unos 3 Km de la cabecera sur del lago. El año nuevo
nos sorprendió entre fogata (bien controlada), fideos con salsa de hongos,
gaseosa, turrón, nueces, y por supuesto, infaltables en todo brindis, una
sidra.
A lo lejos, se escuchó algo de “bochinche”, ese
que te dice que había comenzado el 2008.
El lugar y la compañía nos encontraron en fuerte
abrazo, brindando y recordando a todos los familiares de los que esta vez
nos encontrábamos lejos, al menos físicamente.
Y llegó el momento de ir dormir, y levantarse, y
desayunar, y otra vez a las naves.
Y por supuesto... Curev, que empezó el año con
más fuerza que cuando lo terminó.
Luego de hacer cabecera sur, siempre con viento
a favor, emprendimos el retorno.
Primero fue tranquilo ya que esa zona al estar
encajonada y marcar una curva, no es tan problemática con viento fuerte y de
frente.
Pero al salir a lago abierto, ¡que oleaje!. Al
llegar a la zona de Pampa grande, era de un metro, veíamos impactar el agua
contra el paredón, del cual estábamos lejos ya que lo mejor era aproarse al
viento aunque nos separaba de la costa, pero nuestro kayak doble era un pez
surcando el agua.
Claro que para los canoeros la historia fue
otra. El agua se les metía por doquier, por lo que tuvieron que orillar y
bajar. En definitiva quedamos separados por algunos cientos de metros y
contrario a lo planificado pasamos otra noche en el lago.
El 2 de enero amaneció peor. Así fue que Dani y
Luchi, dejaron su canoa y emprendieron el retorno a pie. Nosotros, luego
que ellos llegaron a nuestro lugar, cargamos en el kayak algunos elementos
de ellos y nos lanzamos al inquieto lago. Y si nomás, estaba peor que al
atardecer del 1º.
Pero a pura pala y a los saltos por el medio,
comenzamos a torcer hacia la costa oeste para detenernos luego de más de una
hora de pura paleada y viento en contra, en una playita muy reparada, ahí
por donde en lo alto ingresa el viento hacia el lago.
Ya en zona reparada el andar fue más tranquilo.
El lugar de encuentro fue donde había quedado el
auto. Gaseosa, pan casero y tortas fritas, compradas con mucho entusiasmo en
el lugar, pusieron fin a nuestra aventura, algo agitada y con algunos
ribetes fuera de lo planeado pero con el sabor que deja esta forma de
desenvolverse en la naturaleza. ¿Cuándo la hacemos de nuevo?
Ha, Luchi recibió su bautismo de remo y timonel
en este viaje. ¡Que bautismo!
Nosotros tres ya tenemos algunos dolores de
cuerpo en nuestro haber.
Olga Sánchez y Eduardo De Marco, los kayakistas.
Daniel y Luis Cárdenas, los canoeros.
Y por supuesto: “Curev”
Dani y Luchi
Olga y Eduardo
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