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Relatos
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La Tarde, la
Noche y la Luna
Relato: Lucas Sosa
Estamos en la
mejor hora, esa en la que ya nos encontramos sentados en el muelle con el
mate calentito que pasa de mano en mano. La charla es amena, cordial y
siempre con picardía. Las aguas del rio lentamente se
van aquietando, hasta que solo se oye su suave golpeteo sobre los maderos.
Una garza blanca sobrevuela nuestras cabezas y con elegancia y finura
se posa en la playa continua. Se escuchan el cantar de
las aves y entre ellas el del benteveo, que según cuenta la leyenda son los
quejidos de un desalmado niño aborigen que por no querer cuidar a su abuelo,
este lo maldijo y lo transformo para siempre en ave. Va cayendo la tarde
para dar paso a su amiga la noche y hacia el oeste, entre montañas de nubes
que anuncian tormenta, el sol se despide de nosotros.
Dejamos el
muelle y sobre el terreno se distinguen destellos
incandescentes, es el fuego que lentamente arde para que se cocinen las
pizzas. La luna esta oculta, pues en el cielo ya esta la tormenta. Parece
amenazante, primero los rayos que iluminan el firmamento y luego los truenos
que hacen temblar la tierra. Enseguida cae la lluvia pero ni siquiera la
sentimos ya que estamos bajo techo disfrutando de las riquísimas pizzas.
Para de llover y como por arte de magia el viento comienza a soplar, nos
esta barriendo las nubes y la lunita, contenta y brillante como un diamante
se asoma otra vez.
La noche esta
fresca, ventosa, estrellada pero con buena iluminación. No perdemos tiempo,
encendemos los destelladores y nos ponemos a remar. Se ve a la perfección,
la luz se refleja en el rio y brilla como la plata. El viento se lleva las
gotas de agua y nos pegan en la cara. El sonido de los remos entrando y
saliendo del agua relajan el oído, las figuras se confunden y por instantes
detenemos la marcha para solo oír el silencio.
Son
tantas las sensaciones vividas que no alcanzan las palabras para
expresarlas. Vamos pegando la vuelta y la corriente a favor nos lleva a
buena velocidad. Las luces de las casas parecen luciérnagas y nuestras
linternas frontales estrellas. A lo lejos, como un sin fin de flashes se ven
los relámpagos de la tormenta que ya se retiro. Ya estamos de vuelta y
abandonamos los kayaks para irnos a dormir. Arriba como un centinela, queda
la lunita, iluminándolo todo con su bondadosa y mágica luz.
Lucas Sosa
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