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Travesía San Pedro - Ibicuy - Escobar -13 al 16 de octubre de 2006 Relato: Roberto Vilmaux Parte I
1º
día - De Escobar al Canal Salvatierra Viernes
13 de octubre : casi las ocho de la mañana.
Estoy
corriendo bajo la lluvia por Nazca en dirección a Nogoyá. Se me hizo tardísimo.
Alejandro me esperaba desde las siete y media, pero la barrera de Flores detuvo
el colectivo una eternidad. Llegué
al fin. Salimos para Escobar y la General Paz es un caos de tránsito. En la
Panamericana un accidente con incendio nos retrasa aún más, y todavía nos
esperaban otras dos piñas más adelante. Llegamos
a la plaza de Escobar todavía con tiempo. En la vereda de un banco, a resguardo
de la lluvia que todavía cae, están Liliana, Elba, Ariel y
una enorme cantidad de bultos, bolsos, mochilas, bolsas de distintos tamaños,
botellas de agua, termos, etc, etc. Miguel
y Roberto habían ido a llevar los autos al club y volvían con Eduardo y
Claudio. Llegaron también Dora, el trailer con los botes, traído por Fabián
Orero, la combi, y por allá veo a Jorgelina. De Joel, ni noticias. Me
entero que hay un cambio en la tripulación. Eduardo no puede ir y fue
reemplazado por Carolina, que por casualidad estaba ahí. Alguien le preguntó,
¿Querés venir? y ella dijo sí. Con lo puesto, su primer travesía. Un
vestuario improvisado y bote, pala, chaleco y bolsa de dormir cedido por
Eduardo. Por
fin llega Joel cuando ya habíamos cargado todos los bártulos en la combi y
estamos los once para ese día, ya que Claudio nos va a encontrar el sábado a
la mañana en Ibicuy. San
Pedro, pasado el mediodía. Los
kayaks están en una pequeña playa del otro lado del puerto, donde amarran los
botes los pescadores de la zona. Los bultos forman una montaña a la
espera ser introducidos en el interior de los tambuchos. Unos cuantos chicos
hacen de espectadores sentados arriba de la barranca, mientras cargamos los
botes. Hay que meter todo porque ya la combi y el trailer vacío se fueron. Lo
que sobra va a parar al kayak de Carolina que tiene pocas cosas para llevar.
Todos
listos, vamos llevando los kayaks al agua. Gorras, anteojos, salvavidas,
cubrecockpits, y comienza la travesía.
Dejamos atrás la entrada a la laguna, salimos al Paraná y comenzamos el cruce
del río. Allá adelante se ve, chiquita, una boya roja que señala el canal. Le
apuntamos y la corriente nos va derivando a buena velocidad, mientras el viento
provoca olas que llegan de través. Llegamos a la altura de la boya y la dejamos
bien a nuestra izquierda, ya estamos en la punta de la primer isla. Llegamos
a isla San Pedro. Ahora tenemos el viento de frente y el río se pica un poco más,
pero vamos a buen ritmo. En este tramo el GPS marca la velocidad máxima de la
travesía, 14,2 km/h. Mientras tanto, detrás nuestro viene el guardacosta de la
Prefectura de San Pedro que nos va a acompañar hasta la entrada del Canal
Salvatierra. El
canal se encuentra aproximadamente en el km. 261 del Paraná, tiene otro nombre,
San Carlos, creo, pero los lugareños lo llaman Salvatierra porque en su boca
vive la familia de ese nombre. Nace allí en el Paraná y termina en el Arroyo
Lechiguanas. En
algún lugar del Salvatierra, cerca de las seis de la tarde.
El
sitio es ideal para bajar. Una rampa algo barrosa que llega hasta el agua y es
lugar, seguramente, donde las vacas llegan para tomar agua. El resto de la costa
es alta y hay sombra. Acá nos quedamos. Vamos
armando las carpas esquivando las bostas de vaca y algunas de ellas, las vacas,
no las bostas, nos mugen desde allá atrás. Armamos
el campamento y van apareciendo los mates, las tortas, los budines, las
galletitas y demás. En la costa de enfrente un incendio va y viene. Ahora nos
dimos cuenta que hay otros dos de nuestro lado. Uno hacia el fondo de la isla,
esta lejos pero es muy fuerte y en apariencia no avanza. Y el otro hacia
adelante por el canal, aunque no tenemos forma de saber si en verdad está de
nuestra orilla o enfrente. Habrá que estar atentos. Hacemos una inspección
hacia el interior de la isla y vemos que más allá de unos matorrales secos, el
suelo es algo pantanoso y con el pasto muy bajito, si el incendio llega hasta
allí, seguramente se detendrá y nos dará tiempo para irnos. El
sol va bajando en el horizonte y aparecen en el oeste unas nubes amenazantes,
Elba nos advierte. Se viene una tormenta.
Oscurece
y empezamos la preparación de la cena. Guiso de lentejas. Miguel es el
encargado de mezclar los ingredientes en las dos ollas, carne, chorizo colorado,
cebolla, ají, zanahoria, y hasta una lata de choclo que se coló entre las
lentejas. Mientras
tanto, las cañas de Joel y Miguel esperan por algún pique. Un bagre para Joel
y una boga para Miguel, que van de nuevo al agua. La boga se salva de ir a parar
a nuestros estómagos porque ya comimos, pero en el procedimiento la pobre
termina clavada de cabeza en el barro. Y allá fue, media grogui, con un dolor
de cabeza infernal, pidiendo que la próxima vez la hagan asada. Terminamos
la cena con unos buenos tragos de licor de anís casero, preparado por Miguel y
nos vamos a dormir sin saber que será una noche agitada. En
el mismo lugar, en algún momento de la noche.
Estoy
en la carpa de Ariel, donde dormimos él, Alejandro y yo. Empiezo a oír el
traqueteo del motor de un bote que
se acerca, viene del lado del Lechiguanas. El motor se detiene y se oye un
disparo. Lejos y apagado. Me revuelvo en la bolsa de dormir y digo algo como,
hummm. No se si mis compañeros me escucharon y tampoco era una frase como para
responder algo. El
bote reinicia su marcha y el sonido va acercándose. Esa situación dura un buen
rato, avanza y se detiene. Entonces
una luz potente ilumina el campamento y suena otro disparo. Esta
vez no fue ni lejos ni apagado, fue al lado nuestro. Ladra un perro y el motor
que se pone en marcha de nuevo. Y así, avanza un trecho y apaga el motor. El
sonido se va alejando. Ya no lo escuchamos más, ahora podemos respirar
tranquilos. Yo no me había movido ni un milímetro, Alejandro creo que ni se
enteró de lo que pasaba y luego supe que Liliana, Miguel y Roberto habían
salido a espiar el paso del cazador. Que era eso, un cazador de carpinchos y no
como supuse al principio, el dueño del campo que venía a corrernos a tiros. Ahora
podemos seguir durmiendo. Pero no. No duró demasiado. Se vino la tormenta
anunciada por Elba. Primero fueron los relámpagos continuos que iluminan hasta
el interior de la carpa. y enseguida llega el torrente de agua, viento y
piedras. La
carpa se está doblando casi hasta el piso por el viento, mientras tratamos con
Ariel de sostenerla. Él esta recibiendo los piedrazos y el agua se va colando
por una puerta que habíamos dejado abierta por el calor, antes de que pudiéramos
hacer nada por evitarlo. Salvamos de la mojadura a las bolsas de dormir y las
guardamos en bolsas de consorcio. Ya
el granizo y el viento pararon. Sigue lloviendo fuerte y estamos los tres
sentados en la carpa sin saber que hacer. El piso está mojado y no tenemos
cartas. Nos levantamos. Afuera, el resto del campamento había vivido
situaciones similares. Casi nadie se salvó de alguna mojadura. Carolina y
Jorgelina se mojaron como si hubieran estado paradas bajo la lluvia, Joel estuvo
a punto de salir flotando en dirección al canal, ya que había armado la carpa
en un pozo que se llenó de agua y el resto más o menos así. Sigue
lloviendo. Vamos desarmando las carpas, cargando los botes, desayunando, y
estamos listos para empezar la segunda jornada, empapados hasta los huesos. 2º
día - De Canal Salvatierra a Puerto Ibicuy Arroyo
Lechiguanas - Sábado a la Mañana Acabamos
de dejar atrás el canal Salvatierra luego de algunas curvas cerradas. Buena
parte del trayecto, estuvimos esquivando camalotes que eran llevados por la
corriente. Ya dejó de llover y de a poco, tímidamente, el cielo celeste va ganándole
terreno a las nubes. El
Lechiguanas es un arroyo ancho, que bien podría subirse a la categoría "río",
con las orillas peladas de vegetación alta. Muy pocos árboles y sólo de vez
en cuando algún ceibo aislado o en grupos chicos, el resto todo pajonal y
pasto. Una zona interesante para navegar, aunque a algunos pueda llegar a
aburrir, ya que es bien diferente a los lugares por los que andamos
habitualmente. Nos
vamos desperdigando un poco. Elba siempre abriendo la marcha y Joel cerrándola.
Carolina viene con el brazo algo hinchado por efecto de mucho muñequeo con una
pala a la que no está acostumbrada. Nos detenemos un par de veces para
descansar y reagruparnos. Arroyo
Lechiguanas y Río Ibicuy - Mediodía del sábado. Allá
está Carlos esperándonos con su SDK blanco, sobre la orilla derecha del
arroyo. El cielo que ya se había despejado, vuelve a encapotarse. Mucho viento
del sur y los corderitos pueblan el río Ibicuy desde la mitad a la orilla
opuesta. Enfrente está la arenera y el río impresiona por lo ancho. Vamos
llegando todos y nos detenemos aquí para almorzar. Ahora
estamos los doce. En medio de la lluvia, Carlos había bajado el bote esa mañana
en puerto Ibicuy y navegado río arriba hasta el Lechiguanas. Terminamos
de almorzar y entre tazas de un café súper cargado preparado por Joel, vamos
saliendo a navegar de nuevo. El timón del bote de Dora dice basta y termina
siendo parte del equipaje. El
río está bastante movido. Otra vez desaparecen las nubes y ya no las veríamos
más por el reto de la travesía. Estamos ahora en un sitio donde se hace difícil
saber para donde sigue el río. Una curva a la izquierda, una isla en el medio,
y una panza bien amplia por la costa derecha. Cruzamos hasta la costa derecha de
la isla y la vamos bordeando. Estamos protegidos del viento y el río se
plancha. Son tres islas, Castillo, del Medio, y otra más pequeña que no se
distingue de la costa de enfrente, después una curva cerrada a la derecha y
aparece el puerto de Ibicuy. Un
guardacostas de la prefectura sale a nuestro encuentro. Continúa
en parte II
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