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Travesía San Pedro - Ibicuy - Escobar -13 al 16 de octubre de 2006 Relato: Roberto Vilmaux Parte II
Puerto
Ibicuy - Cinco y algo de la tarde. Estamos
sobre una playa de arena en el puerto de Ibicuy. El procedimiento es muy
sencillo, hay que levantar los botes, cargados como están, pasarlos por arriba
de un caño de desagüe, subir una cuesta empinada de arena, y cuando llegamos
allá arriba nos quedan sólo unos doscientos metros para transportarlos hasta
el destacamento de Prefectura, llegar allá, muertos, dejarlos y volver a buscar
el resto. La
gente de la Prefectura de Ibicuy nos habían propuesto quedarnos en sus
instalaciones esa noche. Nuestra idea era continuar hasta las Cinco Bocas y
acampar allí, ya que sino, al otro día, tendríamos que remar mucho para
llegar a Zárate. La propuesta vino acompañada de una advertencia por alerta
meteorológica para esa noche, y la verdad es que no le creímos, y de hecho
hizo una noche espléndida, pero igualmente nos quedamos.
La
Playa es el único lugar para bajar, ya que en el resto de la costa hay muelles
o piedras, así que allá vamos con el transporte de los kayaks. Con Alejandro,
no tenemos mejor idea que cargar al hombro el Cruz Diablo mío. Es la cosa más
dura que me tocó en una travesía. Se me doblan las piernas, no llego. Ahí
viene Miguel y alguien más para ayudar. Y todavía quedan como ocho botes más.
El bote de Dora tampoco se queda atrás por lo pesado. ¿Y mañana?, ¡Hay que
llevarlos de nuevo! ¡Socorro! El
lugar que nos dieron es un lujo. Tenemos dos habitaciones, cinco camas con colchón,
baño, duchas con agua caliente, cocina, comedor, agua potable, ¡televisión!,
¡¡¡Direct TV!!!. Terminamos
el procedimiento de transporte de botes, y todavía nos queda tiempo para poder
secar todo lo mojado a la mañana, tomar unos mates, bañarnos, tomar otros
mates, y dar una vuelta por la zona. Y
después, preparar la cena, comer los fideos con salsa preparados por Miguel,
abrir unas botellas de tinto, seguir con el vaciamiento de la botella del licor
de anís, irnos a dormir y a las cinco de la mañana otra vez arriba a preparar
todo. 3º
día - De Puerto Ibicuy a Zárate La
Playa del Puerto de Ibicuy - siete y media de la mañana Los
kayaks ya están cargados y alineados en la playa para salir. El cielo continua
completamente despejado y comienza a levantarse algo de viento. Estamos
levantados desde la cinco y algo de la mañana. Nos queda una larga jornada para
llegar a Zárate. Esta
vez el transporte de los botes fue menos complicado. Muy gentilmente, la gente
de la Prefectura, a la que estamos agradecidos por todas las atenciones, puso un
trailer y una camioneta para llevarlos. Partimos
y vamos navegando por el centro del río jugando con las olas que se van
formando por efecto del viento, que cada vez es más fuerte. Luego de una hora y
pico llegamos al final del Ibicuy y al Paraná Guazú. En
el Guazú la corriente en contra es muy fuerte. Alejados de la costa el GPS
marca que vamos a una velocidad de 2 o 3 km./h. El viento que ahora lo tenemos
de través molesta bastante con unas olitas de costado. Nos acercamos a los
juncos y la cosa cambia. Se puede avanzar más rápido y sin tanto esfuerzo.
Cinco
Bocas - Nueve y media de la Mañana. El
lugar es un paraíso. Kilómetros y kilómetros cuadrados de agua. Allí tienen
sus bocas el Paraná Guazú, el Pasaje Talavera, la Zanja Mercadal, el Paraná,
y el Arroyo Vizcaíno. En el medio un mar de agua, una isla y mucho sitio para
recorrer. El
viento ha mermado un poco o estamos protegidos. Estamos en la esquina del
Talavera y el Paraná Guazú, un sitio ideal para acampar si hubiéramos llegado
a la hora indicada. Alejandro y yo nos adelantamos por algunos minutos al resto
y estamos sacando fotos a medida que llegan. Hacemos
diez minutos de descanso y otra vez a navegar. Nos queda un buen trecho por el
Talavera, llegar al Canal Irigoyen y por este al Paraná de las Palmas. Ahora
vemos que solo estábamos protegidos del viento y no había parado, ya que el río
está bastante picado. Pasamos por una zona de remolinos y donde las olas tienen
un raro comportamiento, ya que algunas vienen del lado de la costa, y sin
embargo no rebotan precisamente en la costa, ya que allí el río estaba
planchado. Boca
del arroyo ???. - Cuatro y algo de la tarde. No
sé como se llama. En algunas cartas figura el nombre de arroyo Pasaje Chico,
pero se corta antes de terminar en el Irigoyen. Sería un nombre apropiado,
porque apenas pasamos en fila india. Un lugareño nos levanta una barrera hecha
con dos troncos que van de orilla a orilla y vamos pasando. La
boca seguramente no la hubiéramos encontrado sino fuera por tener marcado el
waypoint en el GPS de Alejandro. El arroyito es muy pintoresco. Muchas curvas,
la costa alta y algunos vestigios que hacen suponer, estamos muy abajo y no
podemos ver alrededor, plantaciones en las orillas. Pasamos
por un puente en el que hay que agacharse o se corre el riesgo de perder las
guampas. Algunos kilómetros más adelante, no se cuantos porque voy distraído
y no mire el GPS, llegamos al Canal Irigoyen. Nos
quedan unos quince kilómetros para el Náutico Zárate. Club
Náutico Zárate - Siete y media de la tarde Estamos
cruzando el Paraná de las Palmas con la última luz del día. La playa del Náutico
Zárate está desierta salvo por unos chicos que juegan en la arena. Las luces
de la costanera están todas encendidas y el tráfico por allí es un caos.
Estamos de vuelta en la civilización. Los
doce kayaks se clavan en la arena uno al lado del otro y vamos descendiendo,
luego de una jornada de doce horas que empezó a las siete y media de la mañana
en Puerto Ibicuy. Reunión
de urgencia en la playa del Náutico. ¿Que comemos esta noche?. Quedó
descartado el plan A y pasamos al plan B. Chau asado, hola pizzas Es muy tarde y
estamos cansados para salir a comprar la carne y ponernos a hacer el asado.
Ponernos digo, pero el asado lo iba a hacer Joel. Así que, delibery de pizzas,
cervezas y gaseosas. Creo
que nos estamos aburguesando. De tres noches, dormimos dos bajo techo, una con
televisión, otra nos trajeron comida y bebida en dos motos, y para colmo en el
club de Zárate sacábamos agua caliente para el mate ¡¡de una canilla!!. Y
eso sin contar con que nos bañamos dos veces (dos) y con agua caliente. (Y bien
caliente que estaba el agua del Náutico). Las
pizzas, las cervezas y no tanto las gaseosas, desaparecen raudamente en el
interior de uno de los quinchos. Nos vamos a dormir al estadio de básquet.
Las colchonetas cedidas por la gente del club están en un rincón del
enorme estadio. Me da un poco de impresión dormir allí y me imagino que a la
mañana, cuando nos despertemos, estarán las tribunas repletas de público
viendo como nos levantamos. Fue
sólo una idea. A otro día no había nadie. 4º
día De Zárate a Escobar Debajo
del Puente Zárate Brazo Largo - Diez de la mañana. Me
retraso para sacar unas fotos con el marco del puente. El día pinta espléndido
como el resto de la travesía. Ni una nube en el cielo. El viento empieza a
formar unas onditas en el agua lo que implica que seguramente la corriente no
nos lleve a la velocidad que esperábamos. Adelante
van dos kayaks de tiro, llevados por Miguel y Alejandro. Es que por la mañana
tuvimos dos bajas. Liliana se descompuso, ¿la cerveza?, ¿la pizza?, vaya uno a
saber que fue, y no pudo seguir. Y el brazo de Carolina dijo basta, estaba muy
hinchado y ya no alcanzaban los antiinflamatorios. Por lo tanto el grupo quedó
formado por diez palistas y doce kayaks. El
puente queda atrás, vienen las curvas, para allá, para acá, llegamos a
Campana y aparece el guardacostas de la Prefectura. Nos acompaña hasta
Otamendi. ¿Por qué? No sé. Luego de la travesía me entero que todavía andan
sensibilizados por lo que pasó en Martín García en Semana Santa. Quién avise
de un raid, tendrá compañía. Buscamos
un lugar para almorzar y lo encontramos un poco más allá del canal 6, antes de
llegar al Zorrilla. Seguimos
y el viento del sudeste pica el río en el último tramo después de la curva
del Arroyo Las Rosas. Club
de Remo y Náutica Belén de Escobar - Cuatro de la tarde. Llegamos.
La travesía se terminó. Ahora vienen las ultimas fotos, cargar los bártulos
de nuevo en bolsos y mochilas, limpiar los botes y guardarlos. La
travesía estuvo excelente., por los buenos paisajes, por el buen tiempo, o
casi, por los sitios diferentes a los que estamos acostumbrados, pero por sobre
todas las cosas por la buena compañía. Habrá
que repetir. Roberto Vilmaux
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