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Que Cargar en el kayak en Travesía

Gustavo A. Schek

 

“Si algo acabamos de encontrar, es porque otra cosa se ha perdido” Las Leyes de Murphy

 

Gustavo A. Schek

Comentarios a: bopaya@fibertel.com.ar

 

 
 

lguna vez tiene que suceder. Alguna vez te otorgan los permisos internos y conyugales y laborales para  hacer tu primera travesía. Los días previos a la partida, sucesivas revisiones del bote revelan fallas insalvables de estructura que, una vez reparadas, permiten  detectar nuevas fallas. Las salidas de entrenamiento y preparación te dejan más dolorido que de costumbre. Y si ir al Paraná te dejó de cama, cómo llegar a Martín García? Las páginas meteorológicas se visitan varias veces por día, sea el Windguru, el SMN  u otras disponibles. El más mínimo dibujito de una nube en la pantalla de pronóstico te provoca escalofríos, habida cuenta de las metidas de pata a que nos tienen acostumbrados los interpretadores de satélites. Se cursan emails del estilo de: cuántos vienen, de dónde salimos, qué llevamos, que terminan muchas veces con un no puedo, dejé el auto mal estacionado, olvidé la leche en el fuego, generalmente en boca del que propugnaba un cruce directo del Atlántico.

Las expresiones de los que te rodean se multiplican en cantidad y variedad, desde el asombro de tus amigos no navegantes o la ceja arqueada de incredulidad de tu jefe, hasta el signo del tres del truco en labios de tu esposa. Pero ya estás lanzado a la aventura. No hay nada que te detenga. En plena jornada laboral tu mirada busca  las nubes, luego el pronóstico en la computadora, luego las nubes, para finalmente sacar el papelito arrugado donde vas haciendo la lista de cosas para llevar, para agregar “yerba”.

 

Llega el gran día. Cargado con todo su equipaje en las manos, semejando un equeco con cubrecockpit, el palista enfrenta al esmirriado kayak con la pretensión de que quepa todo en las bodegas, en una recreación náutica del cuento del elefante y la hormiguita. De lo que suceda en los siguientes minutos dependerá la calidad de la travesía.

Un refrán náutico que, como buen desordenado crónico, me espantaba en mis primeros años de navegación era: “Un barco se perdió porque los fósforos no estaban en su lugar.”

Es que en travesía lo que no está a mano no existe. Hace algunos años cruzamos en dos kayaks el Río de La Plata, desde Tigre hasta La Barra de San Juan. La navegación se desarrollaba con normalidad en un río de cristal, con descansos de diez cada hora y media. Y llegó la hora del almuerzo. Dejamos de remar y unimos los kayaks en catamarán usando las palas. -Bueno, le dije a mi compañero mientras tomaba la posición con el GPS, sacá las empanadas.

La costa argentina había desaparecido. La uruguaya era apenas una línea que desdibujaba la bruma.



 
 

 
 

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Marzo 2010  - Kayaks - Página 8