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Cuentos Fantásticos del DeltaObjetos Perdidos
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Su nombre es Edna. Su aspecto, dicen, es el de una mujer anciana de cabellos lacios entrecanos.
Habita en algún punto del interior del Delta del Paraná, en el delta profundo, donde poca gente ha estado alguna vez. Se dice que Edna es depositaria de los objetos que se pierden en el delta. Los de sus habitantes, los de los turistas, los de los navegantes, los de los pescadores. Todos han perdido alguna vez alguna cosa. Por descuido, por accidente, o inducido, quizás, vaya a saber uno, por qué fuerzas extrañas. Ropa, cañas, líneas de pesca, calzados, termos, vajillas, dinero, y todo tipo de artefacto que la gente utiliza y que fatalmente termina perdiendo, los recoge Edna. Muchos aseguran haberla visto pasar en su bote verde de proa puntiaguda, impulsado por remos de madera, o caminando cerca de la orilla de un arroyo. Pero nadie puede confirmar que realmente haya sido la verdadera Edna. En el fondo de su casa se acumulan cientos de miles de cosas que, a lo largo de los años, muchísimos años porque es muy vieja, dejan de estar en manos de sus propietarios. ¿Como llegan a ella esos objetos? Es un misterio, como tantos otros en esa región. |
No los recoge ella misma. ¿O sí? Y tampoco son transportados hacia su casa por los ríos y arroyos. ¿O sí? Edna devuelve algunas cosas. Las que ella quiere, las que la gente le pide con suficiente enjundia, o las que no deberían haberse perdido. Comentan por ahí que algunos isleños conocen el ritual para pedirle a Edna la devolución de sus objetos perdidos. Ya quedan muy pocos los que lo saben, ya que la tradición se va perdiendo en el olvido o va siendo reemplazado por pedidos a santos avaros y sin ninguna influencia en la región, a los que se les prenden velas u otros ineficientes ritos que nunca llegan a buen puerto. También ella entrega objetos a quienes no son sus dueños originales. Una cacerola por aquí, un par de anteojos por allá, una soga más allá. Cuantas veces, amigo lector, concurrente o habitante del delta, ha encontrado al levantarse por la mañana, algún objeto a orillas del río, o entre unos juncos o en una playa, y ha dicho ¡Oh lo que me trajo el río! No, ciertamente no fue el río, fue Edna. Caprichosamente o no, ella va dejando parte de su botín a quien lo necesita o necesitará en un futuro. Por eso, nunca deseche las cosas que Edna le trae a través del río. Seguro la precisará más adelante.
Roberto Vilmaux |
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Junio 2009 - Kayaks - Página 15 |