|
n
1996/97 estuve en India y me envolví con una compañera que había
navegado a vela durante diez años. A partir de ello decidí volver a
involucrarme en el ambiente náutico que había dejado abandonado en mi
pasado. Al regresar a Buenos Aires, donde no vivía hacía tiempo ya,
conocí un lugar en Palermo Viejo donde se practicaba flotación. Más
específicamente era un Centro de Flotación, donde uno combina un horario
y se mete dentro de un artefacto, como una bañera cubierta, lleno de
agua y sulfato de Magnesio a la temperatura de la piel. Fue tan
grandioso el efecto que me causó que decidí que futuramente haría un
Flotario; recién en 2008 me dediqué a la fabricación en Brasil. Decidí
que haría un aparato bien seductor, agradable visualmente, que no
transmitiera una idea de encierro o de sanatorio, sino más bien de nave
espacial.
Había pasado ya años imaginándomelo y como entendí que lo mejor sería
hacerlo con compensado fenolico, me puse a investigar sobre carpintería
naval en internet.
Fue
de esa forma inesperada como me encontré con los kayaks de madera y
particularmente con el Petrel de Nick Schade, que me dejó boquiabierto.
Inmediatamente, asi como sucediera cuando conocí el flotario en Palermo,
me dije que si alguien había hecho semejante trabajo, yo también podría
hacerlo. |
|
Como
estaba comprometido con el trabajo de los flotarios y mi socio, no pude
dedicarme inmediatamente a los kayaks. Aun así llegué a hacer uno en
Búzios, transparente, basado en información que había obtenido navegando
no en el agua sino en la net.
Tanto John Coppens como Carlos Martínez, los dos cordobeses, me
alentaron y me alertaron sobre algunos detalles, con muy buena onda.

 |