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vanzamos
sigilosos, como sombras en el agua,
con
silencio de arroyo y brillos de diamante .
Amanece de a poco: somos parte. Enfrentamos
con la
sola conjura de las palas
el
horizonte que se amenaza infinito.
Cruzamos la llanura vasta y las colinas
que el
Río forma en cada sudestada,
hacia
la costa que a lo lejos difumina
sus
aromas de fogata y de juncos al ocaso,
con su
magia de islas que formó la nada
sobre
el agua marrón, como espejismos.
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En las
mudas soledades de los antiguos charrúas
han
embicado las proas,
con
crujido de arenas de costas olvidadas
de
canales y de boyas que ya nadie sigue
Los lazos que ha
forjado la fogata
resisten la zozobra de la noche
y de
la niebla y la tormenta.
Y
contra toda esperanza avanzamos constantes demorando el regreso,
entre
restingas de piedra
e
historias de naufragios,
hacia
las lejanas luces que defiende el oleaje
y el
puerto que nos recibe con sus brazos de madre.
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