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Timoteo Domínguez

Gustavo A. Schek

Timoteo Domínguez originalmente se encontraba a pocos cientos de metros al norte de Martín García, En la actualidad, debido a la sedimentación aluvional, la isla se encuentra ya unida a Martín García.

 

Gustavo A. Schek

comentarios a bopaya@fibertel.com.ar

 

   

imoteo Domínguez ha nacido a partir de Martín García.

Poco más que un islote, con una exigua playa de pretensiones caribeñas, emerge desde el lado norte de la isla, cercando el pantano que desde hace casi un siglo ciega el Puerto Viejo.

A pesar del cartel que la reclama uruguaya, Timoteo es apátrida, casi un hijo bobo de una isla con demasiada prosapia histórica. Cansada de ser deseada y abandonada, sinónimo de prisión y lazareto, soñada capital de un imperio y ahogada en el corsé de Reserva Histórica, Martín García, como para vengarse, dio a luz a esa playa anárquica.

Timoteo ya es parte de mi historia. Fue el premio luego de guardar puerto por un año cuando mi hija estuvo enferma e hice esa promesa para su cura. Fue la culminación del sueño de todo kayakista cuando mi proa se clavó en la arena y la proa de al lado la impulsaba mi hijo. Fue cárcel, cuando en una mala maniobra mi velero estuvo tres días  subido a su loma más alta. Fue parada técnica y vacaciones. Fue el miedo cuando maldormimos con todo atado en previsión de la tormenta que se avecinaba, y que nos obligó a cruzar el Canal al otro día contra cien kilómetros por hora del Sudeste, con la sombra fresca y reciente de David pesando en nuestras palas.

 

 

A veces paramos una noche en Timoteo, aprovechando su condición de perfecto trampolín hacia la Costa Uruguaya.

Ya no es la playa desierta del ’96. La irrupción del GPS le ha legado las lanchas, la basura, las ramas depredadas, las boyas con grafitti y la escapada de la fauna. Las pisadas del lagarto que apodamos Juancho ya no se ven en la arena de los últimos campamentos por la mañana.  El precio del progreso, se diría, pero precio al fin.

Los únicos que no se han espantado son los pájaros. Multitudes. Uruguay significa Río de los Pájaros, y nunca tan bien puesto un nombre. Hay de todos los tamaños y layas, desde los más pequeños (nunca la ornitología fue mi fuerte, no se sus nombres), hasta los carroñeros que vuelan haciéndome sombra en los ojos si estoy tirado en la playa, a ver si me muevo o califico como almuerzo.

Las más de las veces son dos las noches. Es tradición hacer asado la primera y ver que se cocina la segunda, por ese detalle de los kayaks de carecer de heladera y otras comodidades. Generalmente en travesías invernales llevo una carpa de alta montaña, si bien no creo que resista los rigores ni siquiera de una serranía. En verano, en cambio, uso una carpa amplia, de las baratas de supermercado, pero que tiene la cualidad de tener un amplísimo mosquitero que permite que me duerma y me despierte mirando el río.

 

 

 
 

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Noviembre 2009 - Kayaks - Página 9