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Travesía Cayastá - Santa Fe

Jorge "Chiquito" Torres

 

La edición número 14 de la Travesía Cayastá - Santa Fe, se llevo a cabo los días 14 y 15 de noviembre

 

Texto: Jorge Torres

Fotos: Iván López

 
 

La travesía Cayastá - Santa Fe nace de una inquietud personal, por tener en nuestra región litoral una travesía que nos sea distintiva y propia.

La razón es mostrar una forma distinta de navegación en otro tipo de paisaje.

El eje del viaje comienza siendo el gran San Javier, río caudaloso que surca el corazón de nuestro delta, para alcanzar al Arroyo Leyes, más caudaloso aún, que trae aguas del Paraná hacia la Laguna Setubal.

Iniciamos la marcha - como casi siempre - con viento sur de mediana intensidad nubes y oleaje de cuidado, aunque no peligroso.

Las nubes nos protegieron en una jornada larga de puro remo y el caudal nos permitía superar los once kilómetros por hora.

La gran crecida anegó las islas con más de veinte cm. de agua, lo que dificultó encontrar espacios donde estirar las piernas; pero a la vez, nos permitió algunos "cortes" reduciendo las distancias.

Ver el paisaje implicaba tener que diferenciar unos quince o veinte tonos de verde, con fuerte presencia de timboes, sauces alisos, aromitos, espinillos, ceibos en flor, laureles, curupíes y el siempre presente lengua de dragón; por mencionar algunas de las especies sobresalientes. Pajonales, yuyales, caraguatáes y así podría seguir.

Muy llamativas resultaron las grandes telas de arañas uniendo árboles y enredaderas altas, con una enorme cantidad de pequeños arácnidos.

 

Entre las aves grandes se pudieron apreciar flamencos rosados, caranchos, vimos y escuchamos chajaces - centinelas de la isla - alertando de nuestra presencia; hubo algunos crestones y de menor porte aparecieron las cardenillas, venteveos, los "matracas" o Martín pescador.

Paramos en la isla, que al borde del río forma un albardón, una especie de pequeño terraplén, encerrando un bajo en su interior que se convierte en laguna por el agua de lluvia o la crecida. Un verdadero reservorio de vida, cubierta de una fina alfombra vegetal de un extraño verde claro.

Mientras, en el albardón descansábamos bajo la sombra frondosa de árboles añosos que formaban una galería; siempre bien atendidos por mosquitos, jejenes, tábanos y viuditas. No nos privamos de nada.

En fin, creo que fue un canto a los sentidos.

Por la tarde llegamos a Santa Rosa, donde el camping nos proveyó buen reparo para las posibles inclemencias climáticas (que no fueron tales) y por la noche una exquisita cena de pollo asado con ensaladas varias; los organizadores no paraban de traer comida y decían muchachos coman que hay más.

La segunda jornada comenzó nuevamente con nubes hasta media mañana y llegamos al Puente del Leyes a medio día, donde nos esperaba otra buena comida, en un predio muy grande y prolijo, con mucho césped, árboles y una vista increíble.

 

 
 

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Diciembre 2009 - Kayaks - Página 7