|
acía
tres meses que veníamos preparando un encuentro de pesca en kayak en
Marisol (partido de Tres Arroyos) y remada por el río Quequén Salado
desde el paraje llamado “Cueva del Tigre” hasta su desembocadura en el
Océano Atlántico.
Teníamos previsto
(excepto 4 integrantes que se adelantaban 2 días) los otros 11
participantes llegar el viernes 30 de octubre de madrugada, para poder
tomarnos unas horas de sueño luego de recorrer los 560 kms que nos
separaban de Marisol; lugar que iba a ser nuestra “base de operaciones”
hasta el 1º de noviembre que deberíamos emprender la vuelta.
El viernes 30 por
la mañana, ya con todos los integrantes descansados hicimos la reunión
previa de coordinación y decidimos (dado el clima reinante) realizar la
bajada del Quequén ese mismo día.
Se contrató al
efecto de trasladar las embarcaciones una camioneta con trailer, la cual
debió realizar dos viajes para desembarcar los 15 kayaks en una barranca
accesible que nos depositaba en el gran remanso que se sucede luego de
la cascada que da marco a “la cueva”.
El día se
presentaba soleado, y en el complejo donde estábamos hospedados
cometimos el primer (y no el único) error de apreciación y preparación
de la jornada… Un conjunto de médanos de gran altura con arboleda nos
protegía del viento del sud sudeste reinante en la zona. Cabe recordar
que el río Quequén Salado en su último
|
|
tramo corre
prácticamente de Norte a Sur y por 8 kilómetros aproximadamente
“emparedado” entre farallones de roca de 10 a 15 metros de altura, por
lo cual la travesía sería “de cara al viento” en toda su extensión.
Revisando a
posteriori el desarrollo de los acontecimientos llegamos a la conclusión
de que hubiera sido mucho menos exigente el derrotero habiéndolo
realizado desde la desembocadura hacia la cueva, y no al revés como la
iniciamos; pero eso resulta ya anecdótico.
Cerca del mediodía
y con los 15 botes en el agua procedimos a tomar contacto con el medio…
y con el viento… luego de la cascada (donde el río llega “encajonado”)
se genera una “olla” de unos 400 metros de extensión por 100 a 150 mts
de ancho, dentro de la “olla” y situándose al inicio en el lugar de
desembarque; se llegaba en un par de minutos a la zona de la cascada sin
remar… resultado? Sin anemómetro pero como me dijo alguna vez un palista
de larga experiencia, el viento se sentía en la oreja y silbaba de lo
lindo… le calculamos firme de 30 kms. con ráfagas de 40 en algunos
momentos.
La “olla” estaba
protegida, y aún así; el agua se rizaba y el kayak no se mantenía quieto
sin remar en ningún momento… algunos optaron por calentar los músculos
remando hasta la cascada para sacar unas fotos, otros se refugiaban en
salientes de piedra para poder estarse sentados sin palear… y llegó la
hora de largada.
 |